“Me gusta que el público procese diferentes estéticas”

DarioLoperfidoAsuncionguerra ensayo 

Darío Lopérfido fue designado el viernes 30 de enero por el gobierno de la Ciudad como nuevo director general del Teatro Colón en reemplazo de Pedro Pablo García Caffi, quien renunció luego de seis temporadas al frente del coliseo porteño. El ministro de Cultura de la Ciudad, Hérnán Lombardi, aclaró que Lopérfido asume con el 2015 ya programado por García Caffi, pero la programación en los grandes teatros líricos del mundo se hace con un año de anticipación, por lo que Darío asume en verdad para planificar 2016″.

“Por más que ya no fuéramos gobierno, el Colón tiene que quedar programado con anticipación”, afirmó el ministro, en alusión a las elecciones porteñas que se celebrarán este año.

Sobre su antecesor en el puesto y sus planes al frente del Colón, Lopérfido señaló al diario Clarín: “Él fue muy hábil para ganar público, con una mirada aperturista. Fue mechando de a poco cosas bastante innovadoras y supo equilibrar el repertorio clásico con el contemporáneo. También trajo cosas que no se habían hecho en Argentina: el Edipo, El Gran Macabro, La Fura dels Baus. También armó en el último tiempo el Colón Contemporáneo, un ciclo extraordinario. Quiero seguir en esa vía, me gusta que el público procese diferentes estéticas”.

El crítico Jorge Araoz Badí, del diario La Nación, le preguntó a Lopérfido si ya consiguió adaptarse a un sitio con características tan especiales como éste. “En realidad, hace muchos años que soy director del Colón. Nadie lo sabe; sólo yo. Desde que empecé a escuchar conciertos y ver ópera, a los 18 años, mi cabeza está aquí, en el armado de temporadas, la elección de cantantes, directores y obras; el reclamo por más ensayos, el deseo de captar y entender todas las reacciones del público, la necesidad de movilizar una institución como ésta, para que no se parezca a una estatua. Soñaba con dirigir este teatro. Se trata de cosas que nunca le conté a nadie, por temor a que se me viera como un alienado. Pero hace años que me preparo secretamente para esto. Únicamente faltaba que me nombraran. Y sucedió”.

Aráoz Badí le comentó que en estos días, alguien llegó a calificarlo como “el [Gerard] Mortier argentino”. ¿Se siente un provocador, como era el belga? Seguramente, no ignora que el público argentino, y particularmente el público de ópera, es especialmente abierto a las novedades, es inquieto y culto. No todos los europeos son así. Pero no le gustan las innovaciones porque sí, las no justificadas.

-No me interesa para nada ser un provocador ni un modernista a todo trance. Creo que todo tiene que estar justificado. Me siento cerca de Gerard Mortier cuando él pretendía que los espectadores no sólo se entretuvieran, sino que, además, pensaran. Eso sí me interesa. La obra de arte debe poder moverle algo en la cabeza a la gente, movilizarla, provocarle reacciones mentales.

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