Los distintos valores en la construcción de un ícono nacional

angelica bn

Escribe
Angélica Paz San Martín García
Licenciada en Actuación Teatral UV
Gestora Cultural UBA


 

 

El Teatro Colón de Buenos Aires forma parte del circuito turístico de la ciudad. Es reconocido tanto por su acústica, como por el valor artístico de su construcción y constituye desde sus inicios en el año 1908, un innegable valor histórico que se ha consolidado con el transcurso del tiempo. Sumado a lo anterior existen diversas riquezas arraigadas en las paredes de este coliseo que no se reflejan fácilmente en el mercado por lo que forma parte del patrimonio intangible del país, agregando un valor simbólico sustentado por múltiples políticas públicas de protección implementadas por gobiernos que han atravesado distintas etapas económicas, político y socioculturales durante más de un siglo de existencia.
Si bien la creación del Teatro Colón apuntaba al intercambio cultural de artistas y a constituir una sede de la ópera europea en Sudamérica, una política cultural instaurada desde su gestación fue la creación de cuerpos artísticos estables nacionales y la posterior fundación de la academia para fomentar la producción nacional. En términos de Bourdieu, “la mirada” es un producto de la historia reproducido por la educación, donde los resultados pueden ser observados en generaciones futuras. Ambas iniciativas alimentan paulatinamente el sentido de pertenencia de los argentinos con el estilo clásico de este teatro, generando público y fortaleciendo la producción artística nacional construyendo un valor de legado, donde los ciudadanos se benefician con la posibilidad de legar la cultura a generaciones futuras, aunque no hayan asistido a actos artísticos. En consecuencia, la acción proteccionista más clara ocurrió en el año 1989 al ser nombrado Monumento Histórico Nacional ante la necesidad de establecer un marco legal que ampare el patrimonio material e intangible que conserva este Teatro. También, a través de Palma y Aguado (2010), se reconoce el valor de existencia de una institución en donde la población nacional se beneficia con la cultura de manera indirecta aunque algunos individuos no hayan participado de los espectáculos que se realizan. Cabe mencionar que los espectadores que han asistido a algún evento no superan el 14% de la población nacional en la última década, según la Encuesta Nacional de Consumos Culturales y Entorno Digital, SInCA, (Buenos Aires 2013). Los valores que rodean al Teatro contribuyen al sentido de pertenencia ciudadana así como a la apropiación de la institución, transformándola en un ícono que caracteriza la ciudad independientemente de su vínculo presencial.
A través de la implementación de diversas políticas culturales es que hoy el teatro Colón representa para la ciudadanía argentina un ícono basado en valores de prestigio, existencia, legado, su innegable valor artístico e histórico cimentado principalmente en la construcción simbólica que se ha fomentado durante sus más de 100 años, sin embargo existen las interrogantes tales como cuán actual resulta esta mirada y cuál es su grado de inercia en relación a una heredada e incuestionable tradición.
Sin embargo desde el siglo XIX que este teatro ha contribuido al sentimiento de identidad regional, nacional e internacional convirtiéndose en un embajador del estilo artístico clásico, brindando prestigio y exaltando a su vez el nacionalismo argentino. Este último entendido como un elemento de legitimación y unidad social que permite cohesionar, dentro de un mismo territorio, grupos culturalmente heterogéneos; fundamentado principalmente en una identidad cultural construida sobre la base de un pasado con identificación colectiva. Cabe señalar que los medios escogidos para transmitir este mensaje de un pasado glorioso a la ciudadanía son el discurso oficial de los gobernantes, la educación institucionalizada, ritos cívicos y en las últimas décadas los medios masivos de comunicación. Resulta fundamental entonces, reconocer la importancia social que adquiere el Teatro Colón a lo largo de su trayectoria a través de los tres actores que construyen esta visión; el ámbito privado, el Estado y la ciudadanía.

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